Marchantes

No resto ningún mérito a los miles que ejercieron su derecho de salir a las calles y sumarse a la Marcha por la Paz (…), sin embargo tengo consideraciones sobre los efectos que esta, como otras tantas marchas, pueden surgir para  generar cambios de fondo.

Estoy seguro que a esta marcha seguirán otras tantas, tampoco es la primera, pero entonces ¿qué podemos esperar de esta en particular?

A más de 24 horas de haber gritado en silencio, Durango y Tamaulipas siguen teñidos de rojo, y seguramente muchos rincones del país viven su propio drama sin encontrar espacio en las planas de la prensa.

Los discursos de los impulsores de la Marcha por la Paz (…) en los que se pide el cambio de la estrategia contra la delincuencia implementada por el Gobierno de México y la renuncia de funcionarios de alto nivel, me confirma la interpretación de un movimiento que está impregnado más de tintes políticos.

Entiendo que el grito (en silencio) es más patente cuando es contra una institución formal, pero por qué no reclamar de la misma manera a los narcomenudistas que pudren nuestros barrios, y también al vecino corrupto que se roba la luz, a quien se estaciona en línea amarilla o da vuelta prohibida para llegar a tiempo a su destino y hasta quienes  trepan el autobús por la puerta de atrás y no mandan su pasaje. Ahí está el “cambio de estrategia” que nosotros mismos podemos implementar. No vi ninguna pancarta dirigida a los poderes fácticos.

Admiro las demostraciones públicas de quienes han sido víctimas directas de la guerra que padece el país, me duele el drama de la madre que en la Plaza de Armas de Guadalajara se lamentaba de no poder celebrar más el Día de las Madres porque su hijo había muerto en uno de los tantos hechos violentos que relatamos cada día.

Pero hasta cuándo será que esos dramas nos lleven a hacer algo mucho más efectivo que una marcha. Porque de eso estoy convencido, se necesita algo más que marchas, algo más que gritos en silencio, calcas pegadas en el parabrisas o movimientos de ajedrez en el gabinete presidencial para vivir mejor.

Y me no me cuestiono sobre las razones para dejar de marchar, sino por encontrar las motivaciones y objetivos sobre qué más hacer al día siguiente de haber recorrido las calles con exigencias varias. Pero no, en estas letras tampoco está la respuesta.

La Marcha Nacional por la Paz llega al zócalo de la ciudad de México, tras cuatro días de caminata desde Cuernavaca, Morelos. Foto: Agencia EL UNIVERSAL/Roberto Armocida.

Acerca de Sergio Rdgz

Periodista enamorado de lo que hace, de lo que le rodea, de la vida, de Ella... pero también ciudadano que se queja exige y piensa a modo de letras.
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