Todas las bocas del mundo, o casi

Una tarde de sábado sin quehacer me aventuré al cajón de las hojas viejas y encontré recuerdos de mis primeros insomnios frente al monitor. Encontré folletos escolares, golosinas con hormigas, tareas, formatos no entregados y este texto: “Todas las bocas del mundo, o casi”.

Lo escribí en diciembre de 2006, pretendía publicarlo tal cual, pero al final no pude auto-editar aquellos incipientes teclazos. Lo mejor que pude hacer fue compartirles el archivo original al final del texto.

La semana pasada compré una colección de fotografías de bocas; así como lo leen, retratos de las bocas más diversas,

Entre las páginas encontré desde sonrisas apretadas cerradas, hasta las que dejan ver la mazorca desdentada. Otras adornadas con plastas de pintura o con un aparato dental, algunas masticando chicle, rodeadas de barba, algunas pocas son bocas secas…

La idea de la colección era enseñar todo tipo de bocas. Presumir la boca como parte indispensable de nuestra conformación anatómica, el principal instrumento de comunicación y muchas veces, como para mí, un objeto de atracción y seducción.

Las fotos ya cuelgan del muro de mi habitación y desde entonces las reflexiones sobre esa abertura en el cráneo se adueñan de mi pensamiento.

Entre la enorme diversidad de expresiones bucales, una de las más inquietantes es el beso, tan íntimo como escandaloso, tan secreto como público, tan intenso o simple como los propios “besantes” quieran potenciarlo.

Recuerdo algunas imágenes de la televisión chilena donde miles de parejas, se habla de unas cinco mil, unían sus bocas simultáneamente y con esto rompían el récord del más multitudinario beso del mundo

Después de ver esto, me encontré recordando mis primeros recorridos por los terrenos del beso, primero con la boca de N, después la de A, agradable también; la boca de L, ¿qué decir de la boca de A?, la boca de E y de su amiga J, la del pelo rizado.

Recuerdo bien esas bocas puestas sobre mí, moviendo sus labios. Besos furtivos, ligeros chupetones y algunos pellizcos. Fui el preferido de esas bocas, sin embargo esas bocas se fueron y comprendí que el beso es un arte efímero.

Y mientras pienso esto, la televisión lo reafirma, unos minutos después de haber hecho contacto termina el encuentro y los cinco mil besos se convierten en diez mil sonrisas… Y así comprendo el resultado de la operación: después de un beso todo lo que queda es la sonrisa.

Sonrisa como la que tengo al escribir y recordar a estas bocas. Sonrisa que es la expresión más libre de la boca, y por esto es mi preferida; la sonrisa no requiere del otro para existir, y no por esto es una expresión solitaria, sino que bien puede acompañarse de una flor, de una colección de fotografías, o de diez mil personas en medio de una plaza pública, pero siempre será particularmente propia.

Mis bocas me recuerdan la diversidad de condiciones, necesidades y perfiles que me rodean, diversidad al fin. ¡Yo tengo en mi pared todas las bocas del mundo, o casi!

NOTA DEL AUTOR EDITOR. Ahora el editor autor es hombre de una sola
boca y según él no cambiaría eso “por nada del mundo”.

Acerca de Sergio Rdgz

Periodista enamorado de lo que hace, de lo que le rodea, de la vida, de Ella... pero también ciudadano que se queja exige y piensa a modo de letras.
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