Paranoias me dicen

“Si le pasó al Jefe Diego, qué será de nosotros que somos vil pueblo”. Palabras al aire

Que los hombres no están hechos para situaciones límite, reflexionaba Kapuscinski al ver una barda en la frontera rusa.

Por eso las evitamos, deduzco, por eso nuestro afán de planearlo todo, de controlar todo lo que está a nuestro alcance, de reducir la posibilidad de imprevistos.

Pero cuando el delicado equilibrio que “hemos logrado” se rompe, entonces hay que responder de alguna manera.

“Cada uno de nosotros tiene tres posibilidades: ser pasivo y no hacer nada, ser malvado o convertirse en un héroe” decía Philip Zimbardo en entrevista con Eduardo Punset.

Una de estas tardes, ahogado en el transporte público, fijé la vista en un hombre. Estatura media, de cara gorda, mirada enigmática, piel morena, bigote mal crecido y pelo engomado… Pero lejos de eso, la mano en el bolsillo fue lo que más me inquietó.

Desde que se puso frente a mí, permaneció firme, mirando “de reojo” a los lados como aguardando que pasara algo, una señal…

¿Una señal? ¿Señal para qué? ¿Porque no saca la mano? ¿Oculta algo? ¿Un arma tal vez? ¿Quiere disparar? ¿Quiere tomar a un rehén? ¿Va a amagarme?

No, espera, a su derecha hay una mujer con dos niñas hermosas.

Algún día me gustaría tener hijas así, pienso, una de ellas se llamaría Andrea, sí… Divago. Regreso.

Al otro lado una chica, unos diez años mayor que “Andrea” y la otra niña, lee tranquilamente la página 84 de “Así habló Zaratustra“.

El hombre de pelo engomado sigue igual. Mirando y con la mano oculta en el bolsillo.

A un costado de la joven lectora, un ejecutivo déspota se sentó en uno de los asientos amarillos (reservados) sin importarle nada más que la lectura del diario.

-¡Mujeres y niños!-, eso es lo que dicen las historias clásicas sobre qué hacer en situaciones límite.

Sí, eso debería hacer yo. Proteger a la mujer con Andrea y las otras niñas. Eso voy a hacer…

La mano del hombre sigue inmóvil y su mirada se pasea por entre todos los pasajeros.

Lo haré, salvaré a las niñas… en cuanto vea el primer gesto de agresión. El mínimo indicio de que esa mano sale, quizá con un arma de fuego empuñada… o tal vez arma blanca, no importa. Actuaré…

Espero, sé que en cualquier momento me convertiré en héroe.

¡PIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIT!

El tiempo se detiene… creo.

No, no es el tiempo, es el autobús el que para su marcha. Abre las puertas, muchos bajan. También “Andrea”, la otra niña y la mujer. Se van, y con ellas mis anhelos de convertirme en héroe hoy.

También el hombre de mirada ambulante. También la chica con el libro… Sólo queda el hombre de saco y corbata, y sólo le sigue importando leer.

Y después de todo a mi sólo me importó escribirlo.

Acerca de Sergio Rdgz

Periodista enamorado de lo que hace, de lo que le rodea, de la vida, de Ella... pero también ciudadano que se queja exige y piensa a modo de letras.
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2 respuestas a Paranoias me dicen

  1. Lucía dijo:

    Es como una de esas pocas películas en que vale la pena el final.

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