Palabras al aire -”Nestitor”-

Chica y chico sonrientes suben al transporte en hora pico.

Sólo hay un lugar, y aunque a chico le tiemblan las piernas de cansancio es su deber dejar que la chica lo utilice.

Chica le pone la mano en la cintura para no soltarlo en el resto del trayecto.

De pronto sus risas y voces son más perceptibles debido a que el bus se empieza a vaciar.

-¡Ay Nestitor! Pues ya te digo- dice la chica mientras lo mira con sonrisa pícara.

“Nestitor” (El chico), nervioso y muy probablemente con un temblor en su entrepierna no sabe qué hacer-decir, así que lanza una mirada a la parte trasera del vehículo y ¡”Gualá”!

Un par de asientos disponibles…

Toma la mano de la chica y corren a alcanzarlos.

Una vez que llegaron, la chica rubia se acomoda la cabellera y “Nestitor” deja salir una espiración tan fuerte como para liberar la tensión… Todo bien.

De pronto sus miradas, una juguetona y la otra tímida, se encuentran creando una ambiente misterioso. De cuando algo es evidente pero no tanto hasta que las palabras lo confirman.

-¿Entonces qué?-, contrario lo que se imaginen, no habla “Nestitor”, es la chica la que toma la iniciativa.

(Llámenme panista si quieren, pero nunca me había tocado ver escena semejante)

-Tú me gustas, ¿y yo a ti?-, de nuevo es la chica la que cuestiona al tímido chico.

Los sonidos alrededor, las risas y las otras pláticas se desvanecen para construir la atmósfera perfecta para la respuesta.

-No pus también-, es la escueta respuesta de “Nestitor” que a pesar de todo no baja la mirada, ni se raja al sostener la mano de la chica.

-¿Entonces?-, y sin esperar respuesta los labios de los dos se juntan por segundos…

Unos segundos y parecería como que el sonido del ambiente y el movimiento del entorno se vuelven a activar después de suspenderse para dar cabida al encuentro.

-Hijole, me bajo en la que sigue-, dice Nestitor todavía sin soltar la mano de su chica.

-¿A qué hora pasas por mi mañana?-

-¿Quééééé?- Dice “sacado-de-onda” el joven. Luego reacciona más pensativo: -No pues no sé, a veces salgo a las 12 a veces a las 2, así que…-

-¡OSH! Cómo no me puedes decir a qué hora- interrumpe la rubia ya molesta por la evidente  desorganización horaria y casi de inmediato se relaja y propone: -¡Ya sé, me mandas un mensaje!-

El autobús detiene su marcha y a punto de abrir las puertas da oportunidad para escuchar la última frase de “Nestitor”:

-Ah sí como no… ¡Pues pónme crédito!

Y después de gritar esto, salió.

Inútil es narrar el gesto de la chica.

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Acerca de Sergio Rdgz

Periodista enamorado de lo que hace, de lo que le rodea, de la vida, de Ella... pero también ciudadano que se queja exige y piensa a modo de letras.
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