Y entonces comprendí que ya no lo necesitaba

Soy un estadística más. Les platico:

Jueves 5 de la tarde. Transitando sobre Circunvalación del Norte al cruce con Prolongación Alcalde, casi justo enfrente de las oficinas de la Secretaría de Vialidad y Transporte. Un tipo con aliento alcóholico se aproxima al “pe a” (osea yo) solicitandole le entregue el telefono celular que lleva consigo. El “pe a” lo hace y el ahora detenido intenta darse a la fuga. Enseguida el “pe a” hace el llamado a la unida’ que en ese momento da alcance al sospechoso y encuentra el celular.

Más o menos así comienza la declaración que rindieron los policias municipales que detuvieron al pendejo que intentó robar mi telefono celular. A mi lo que menos me importaba era el teléfono (me alegré de no tener un Balckberry o un IPhone), lo que me encabronó fue la condición del tipo a media tarde de un jueves. Como dijera un tendero: “No puedes andar así por la vida”.

El caso es que me robaron el celular, decidí pedirle a la patrulla que lo detuvieran y acto seguido ir a los Juzgados Municipales para rendir la declaración. Ya no estoy tan seguro de haber hecho lo correcto. Media hora, una hora, dos, dos y media… y yo seguía paseándo por entre los escritorios (vacíos) de los funcionarios que debían atenderme.

Mientras ibamos en la unidad de policía los municipales interrogaban a Chuy, el ladrón, y amenzaban con ponerle un “cuatro” si no se relajaba. De entrada eso no me latío, porque si uno va a pasar las horas ene spera de rendir su declaración, es porque quiere que las cosas se hagan lo mejor posible.

Después el interrogatorio me tocó a mi:

¿Cuanto vale tu celular?
-Uy jefe, me costó 400 pesos hace un año y con 500 de tiempo aire
Pues si te preguntan vas a decir que mil
¿Qué?
-Tú haz lo que yo te digo, así se manejan las cosas aquí

Me quedé pensando sobre esto mientras el “oficial” iba a donde todavía estaba el detenido y por fin parecía que algo nuevo pasaba, después de la espera se disponían a bajar al tipejo de la patrulla, claro no sin antes ponerle una madriza más como para que no se le olvidara que tebpia que estar tranquilo.

¡Sorpresa! Aparecen unos “gringos” con libreta en mano y se alteran increíblemente al ver esta escena tan típca de nuestro ambientes. van con los polis y les dicen algo que parece que son malas noticias. Les ponen una mano en el hombro y los trasladan a la única oficina que tiene cuatro paredes en el lugar.

Después me enteraría que aquellos espóntaneos vigilantes eran observadores de Naciones Unidas, esto según la Trabajadora Social en turno. Entonces “detectaron varias irregularidades en el procedimiento de detención” y esto les mereció una averiguación en la Dirección de Asuntos Internos de la Policía Municipal.

Pensé en que por fin la justicia se había asomado por ese lugar. Pero no en realidad era sólo más burocracia. Después de esperar y esperar me enteré que el procedimiento llevaría “un poco más de lo normal”. Y mientras tanto el teléfono que hace un año me costó 400 pesos debería quedarse como mínimo 36 horas como cuerpo del delito.

En ese periódo de tiempo se debería resolver la sanción a los uniformados sobre las irregularidades percibidas por los observadores, hasta después de esto se resolvería la situación de Chuy, el ladrón. El Reglamento de Policía y Buen Gobierno de la ciudad de Guadalajara considera el robo de celulares como una falta menor, que le merece a quién la cometa 36 horas de arresto. Las mismas que ya de facto pasaría por el asunto antes comentado

-Hijole, pero 36 horas son mucho tiempo, por lo menos déjenme pasar mis números importantes-, le dije al nuevo encargado del caso. Accedió y así lo hice, como despidiendome de mi celular porque en realidad estaba preparando mi huída y consecuente desistimiento de la denuncia. Escribí mis números importantes en una hoja, quité el chip y la batería y devolví tristemente el cascarón del telefóno al jefe policiaco.

Mientras salía de las oficinas de la policía pensé: “Total, robado estaba”. Y seguí pensando en la enorme cantidad de asaltos que se cometen diario en esta ciudad, en los pocos que se denuncias y en las historias de cada persona (conocí a Ana, una visitante de Chihuahua que paseaba por San Juan de Dios luciéndo collarcitos y pulseras de “oro” y fue asalatado por un par de malandros) de als que se podría seguir escribiendo y escribiendo.

Un celular, una pulsera, el reloj, dinero, la cartera entera, cristalazo, partes del auto, el auto entero… ¿delitos menores? Para el reglamento sí, pero son faltas a la Ley, leyes cuchás, parchadas y a veces sin sentido, sí. Pero existen y debemos respetarlas. Ninguna marcha multitudinaria logrará cambios, sólo las pequeñas acciones de cada persona irán construyendo un nuevo país.

No doy mordidas, no me paso la luz roja del semáforo, amo la verdad, trabajo duro para ganar unos pesos, no me estaciono en línea amarilla cuándo soy automovilista y no cruzo por media calle cuándo soy peatón. Quiero cambiar. A mi país le urge mi cambio.

Y mientras tanto, comprendí que no necesitó el celular, ahora funciona de nuevo en otro cascarón y es el mismo número, pero ya no lo necesito porque he aprendido a respetar el horario de mis citas, a organizarme y recibir llamadas cuándo estoy en casa, a tener mi agenda en papel, a traer un reloj conmigo, a sumar y restar por mi cuenta y a escribir mis emociones en papel y luego hacerlas llegar personalmente a su destinatario.

Como dijera la estrella de 31 Minutos, Cucho Lambreta: Ríe, ríe, aunque tengas penas, tan solo ríe, lleno de problemas, agobiado y sin hogar… porque mañana también estará nubaldo…

¿Qué pasó esta semana que las noticias fueron tan singulares?

Primero Hilda. “Escapa elefanta y choca con autobús en la México-Tulancingo” (El Universal)
Luego Guillermo López Langarica. “Atropellado por mujer ebria resultó ser el Canaca” (El Informador)

Ahora resulta que reímos de la desgracia ajena como un placebo para nuestra realidad.

Sí se quieren reír de “la realidad” lean “Yo aventé la granada”. ¿Pretenden que lo creamos?

Saludos a Cynthialicious, buena suerte en el relevo piñatezco. Un beso.

Actualización (Octubre 23)

Así como lo dijo, ahora lo desdice. Las mentiras no duran mucho y Juan Carlos Castro Galeana “el que aventó la granada” cuenta como lo secuestraron y lo obligaron a declarar sobre los ataques terroristas del 15 de septiembre en Morelia. “Me obligarón a decir que era narcoterrorista” Juan Veledíaz, El Universal

Acerca de Sergio Rdgz

Periodista enamorado de lo que hace, de lo que le rodea, de la vida, de Ella... pero también ciudadano que se queja exige y piensa a modo de letras.
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