El futuro de las “maq’s”

Cuantos de los que leen estas letras, incluyendome a mi que las escribo, hemos usado una antigua máquina de escribir en el último año. Recuerdo que la última vez que escribí algo interesante en una máquina como esas fue en el lejano 1999 cuando le dí en la torre a mi primer computadora y tenía que hacer tarea del último año de primaria.
De ahí en adelante la mítica armatoste de color azul y sus teclas ya no se vieron por este escritorio. El caso es que todos estos pensares vienen al caso después de que hace unas semanas me atoré en el tráfico vespertino de la calle Prisciliano Sánchez después del cruce con la Calzada Independencia, eso me sirvió para darme cuenta de ese entorno que aunque es mi recorrido de diario, el estrés y la cotidianeidad te hace pasar por alto muchos detalles.
En un pequeño cuarto oscuro y húmedo una montaña de máquinas de escribir se desparrama por todo él. A un lado y buscando la luz natural que entra de la calle se encuentra el dueño del lugar que delicadamente y con toda la concentración posible maneja el teclado de una de esas máquinas, solo desvía su atención para responder a mi solicitud de tomarle algunas fotos.
Hago algunas tomas y me retiro, los pensamientos empiezan a fluir. ¿Qué amor por el oficio debe tener el propietario para atender como si fueran suyas, cada una de las máquinas de su “montaña”? ¿Qué amor tan grande le deben tener los dueños a esas máquinas para invertir en su reparación y descartar la idea de comprar un equipo de cómputo o siquiera una máquina de escribir eléctrica? ¿Quién en estos días usa una máquina de escribir para sus labores cotidianas? ¿Por cuánto tiempo más la montaña de las máquinas seguirá estando en el pequeño local? ó ¿Por cuánto tiempo más habrá personas que les interese invertir en la reparación de una vieja máquina de escribir antes que comprarse una computadora?

Yo quisiera poder usar una máquina de escribir.

Acerca de Sergio Rdgz

Periodista enamorado de lo que hace, de lo que le rodea, de la vida, de Ella... pero también ciudadano que se queja exige y piensa a modo de letras.
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